jueves, 8 de abril de 2010


Cuando la humanidad alcance la humanidad

A todos se nos quedan imágenes grabadas al rojo vivo en la retina de las neuronas, por muchos y distintos motivos. Un documental sobre la “Guerra de las Galaxias” -la de Ronald Reagan- protagoniza uno de esos fotogramas de mi memoria. Por entonces, contaba con seis o siete años. Recuerdo romper a llorar porque oí –atónito-, por primera vez en mi vida, que el ser humano poseía armamento de sobra para eliminar a la humanidad y, de paso, al planeta; y que, para más estupefacción y tristeza mías, había en el mundo dos superpotencias con cara de pocos amigos que disponían de armas nucleares.

Décadas después he leído salvajadas. Algunas: en el apogeo de la guerra fría Estados Unidos y la Unión Soviética tenían capacidad para destruir la vida del planeta como seis o siete veces (no recuerdo la cifra exacta, pero una burrada de este calibre). O que, en ese mismo periodo, EUA almacenaba 15.000 cabezas nucleares, Rusia algunas menos y China unas 500. El ingenio para matarnos es inconcebible. Si los soviéticos atacan primero y los americanos tan sólo responden con unos pocos mísiles, calma, porque los cohetes disparados –al no detectar a los compañeros- emitirán señales con la orden de lanzamiento dirigida al resto de la comparsa macabra. De todos es sabido también que Internet se inventó en EUA para descentralizar el poder militar (léase poder apretar el botón nuclear desde cualquier base).

Obama y Medvédev parece que han dado “un pequeño paso” para la humanidad, pero no un “gran salto”. Al margen de las cifras acordadas por ambas partes, habrá que corroborar el desarme. Y, en otras ocasiones, esto sólo ha significado que un misil dejaba de apuntar a una ciudad, pongamos Barcelona, ¡glups! Pero reprogramar la diana, en realidad, es cosa de dos minutos. Así que, ¿qué significa reducir las cabezas nucleares? ¿Desmantelarlas de verdad o desprogramar objetivos? También me pregunto: si se desmantela, ¿qué diantre hacer con el uranio o el  plutonio, etc? Que lo engulla el sol, la mejor pero impensable -por costosa- solución.

La humanidad (sociedad) no alcanzará la humanidad (condición) hasta que solvente sus problemas internos. Y el nuclear es uno de los más peligrosos. A lo largo de la historia, los países han actuado según la ley de la jungla, las guerras han cambiado fronteras y la cooperación ha pasado a segundo plano. La ley sólo impera de puertas adentro. Y ni eso.

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