[Texto con el que participé hace un año en el premio Enrique Ferran de la revista El Ciervo. Proponían escribir sobre cómo nos influyen los medios].
Colijo de la propuesta que los medios influyen en el ser humano y, con esta afirmación, formulo una sentencia apodíctica: el mundo influye en las personas, sin remedio. Nacemos en un universo que funciona bajo unas determinadas fuerzas. La gravedad, sin ir más lejos, condiciona en alto grado la fisiología de nuestro cuerpo; tan sólo hay que observar cómo se modifican los tejidos humanos en astronautas que orbitan la Tierra durante unos pocos días. Al poco de nacer entran en juego otras variables: el país de origen y la época histórica son insoslayables. El círculo se estrecha más a medida que crecemos. Las influencias se concentran primero en la familia, luego en los amigos, en los compañeros de estudio y en los profesores, finalmente, en todo lo anterior más los colegas del trabajo, el sector de ocupación en el que nos desenvolvamos y los medios de comunicación y de ocio; en resumen, apropiándome de un par de palabras de Josep Pla, las influencias manan del “paisaje básico” de la persona.
La potencialidad de influjo de los medios de comunicación (internet, libros, revistas, radio, televisión y prensa tradicional) es incuestionable. Como con acierto apuntan muchos teóricos de la comunicación, los medios no sólo influyen en el cómo pensar del individuo sino en el qué pensar. Inoculan en las mentes temas que un restringido grupo de personas –editores, líderes de opinión, directores, gobernantes, empresarios, periodistas…- alza a la categoría de noticias, desechando millones de hechos que jamás trascenderán más allá del ámbito local en el que se han producido, y, a la vez, colocan a los sucesos cribados en rango similar o idéntico a las preocupaciones cotidianas de millones de personas. Nos amplían, o eso creemos, nuestro “paisaje básico”, nos inquietamos, por ejemplo, por acontecimientos acaecidos a miles de kilómetros.
En este sentido, el mundo en sí hace las veces de lo que los psicólogos denominan inconsciencia cuando hablan de la mente, y el esquema o jerarquización del funcionamiento del mundo que difunden los medios viene a ser lo que esos mismos profesionales designan como consciencia. Creo que queda claro que la potencialidad de influencia es capital, pero por si hubiera algún resquicio baste señalar que las empresas no se anunciarían si el poder de modificar comportamientos a través de la imagen o la palabra y, por ende, de los medios –altavoces magníficos de la palabra y los actos- no existiera. ¿Qué pasaría si Coca-cola dejara de promocionarse y aprovechara la ocasión Pepsi para para inundar los espacios con un novedoso producto? ¿Qué pasaría si, de golpe y porrazo, los medios se volcaran en la propaganda de un nuevo partido político y aislasen a los tradicionales? ¿Qué pasó, en definitiva, cuando se radiotransmitió en Estados Unidos la invasión marciana de la Tierra? No quiero decir que todo el mundo bebería Pepsi y no Coca-cola desde entonces, ni que nadie más votara al PNV, al PP o al PSOE o que todo bicho viviente en EUA saliera rifle en ristre a fulminar extraterrestres. Pero me parecen claros ejemplos dela fuerza de los medios. ¿O alguien pondría la mano en el fuego y aseguraría que si hubiera vivido en la Alemania nazi habría sido uno de los pocos que actuó inmune a la propaganda de Goebbels?
Todo el tiempo he hablado de potencialidad, pues, de cajón, si no hay público no hay influencia, ni se moldean caracteres, ni se educa, ni se manipula -en el buen o en el mal sentido- ni, por el contrario, se mantiene una actitud crítica ante el bombardeo mediático. Hay que recordar que vivimos en cierta sociedad y tiempo. Los medios de comunicación de masas tradicionales vierten los contenidos, sobre todo, en la sociedad occidental, con noticias que se generan en los países más poderosos. Prueba de ello es que, ahora que China despierta, del gigante asiático también fluyen más noticias, y ello, pese a la censura del gobierno de Pekín.
¿Cómo nos influye, entonces, la información recibida? La información se basa en la palabra o en la imagen, y en cómo se estructura el discurso. El medio es el altavoz, o como ilustran algunos profesionales de la publicidad, el masaje, no el mensaje, o no sólo. La información primero nos moldea o nos diseña un pensamiento, el pensamiento genera una cierta emoción que conduce al acto (ya sea la compra de un producto, ya una movilización, ya un boicot…), pero, la mayoría de las veces, las noticias generan comentarios, criticas y protestas y, de ahí, casi no pasan. Esto se debe a la sobreabundancia informativa y a que la noticia, en muchas ocasiones, abandona el coto de la excepción y el cambio para convertirse en la descripción de la norma. El sensacionalismo también hace estragos; el mal uso de adjetivos, por ejemplo, termina por banalizarlos, y, cuando se usan con propiedad, han perdido todo su valor por el camino.
Antes he escrito en cursiva la palabra “casi”. Me explico. El hecho de que ante una noticia muchas veces no ocurra nada también es un efecto de la causa, y a la vez estos efectos nulos constituyen, precisamente, los pequeños ladrillos que levantan, poco a poco, la gran presa de la indiferencia –“si no hay nada que hacer”, “el mundo siempre ha funcionado así”, “los ricos hace mucho que se repartieron las tierras”- Pero no hay que negligir el poder de la persona, evidentemente. Una misma noticia desembocará en una acción en unos y en pasividad en otros. Mucha gente, lógicamente, ya tiene suficiente con su vida laboral, personal y familiar. Argumentan que pagan a terceros para que, en teoría, se ocupen de problemas que les incumben aunque sea indirectamente. En la práctica, quienes deberían preocuparse muchas veces hacen la vista gorda. De ahí, la importancia de la prensa, cuyo embrión debe ser la denuncia.
Ante los medios, el periodista y el lector necesitan una actitud crítica. El periodista ha de inquirir a todas las fuentes implicadas en la noticia y, sobre todo, debe contextualizar la información con honestidad, atento siempre, en especial en política, a detectar si te quieren dar propaganda por noticia. El lector o público, por su parte, no debe tragar como tabula rasa –afortunadamente no siempre ocurre así- y, ante temas que le interesen, debe buscar otras fuentes. Como dice un libro de televisión para niños: “Tú mira las noticias y a partir de lo que dicen imagina qué ha ocurrido”.
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martes, 5 de octubre de 2010
viernes, 7 de mayo de 2010
¿Que si hay extraterrestres?
“¿Hay extraterrestres?”, pregunta el diario ADN en su edición digital. De cuanto en tanto, surge este debate en los medios o entre amigos. Ciertamente, sería extraño que nuestra especie anduviera sola en el cosmos, sin ningún otro ser que habitase rincón alguno del universo con el que pudiéramos entablar una comunicación parecida a la de los sapiens. Sin embargo, hasta la fecha la realidad es así de rara: no hemos contactado con nadie ni nadie lo ha hecho con nosotros. Bajo mi punto de vista –qué quieren que les diga- es muy extraño, al menos, en principio. Más cuando creo que hay vida extraterrestre muy avanzada en todos los ámbitos de conocimiento, pensables e impensables.
Con todo, ¿qué sustenta más tal afirmación: el deseo de no estar solos y de buscar respuestas que ni la ciencia ni la religión ni la filosofía ni el arte solventan o una argumentación racional de la existencia de dichos seres? Un poco de ambas, ¿no? ¡Qué grato sería topar con unos alienígenas millones de años avanzados que nos dijeran: “Tranquilos, pequeños humanos, que no estáis solos y esto es así o asá”! Que nos solucionaran los problemas y aniquilasen la angustia existencial, vaya.
El eminente astrofísico Stephen Hawking sostiene en el artículo del diario que, por cuestión de números, los extraterrestres deben existir. Estoy con él. Hace unos años asistí a una conferencia sobre exobiología en la que, entre los conferenciantes, se hallaban el exobiólogo Joan Oró y el astrónomo Fran Drake, con quien tuve la oportunidad de hablar cinco minutos. Drake ha calculado la probabilidad de que en nuestra galaxia, la Vía Láctea, existan extraterrestres con tecnología avanzada. La Vía Láctea contiene 100 mil millones de estrellas. Según su fórmula – cuyas incógnitas se van desvelando a medida que progresa el conocimiento-, y los cálculos hechos a partir de ella, en esta galaxia podrían coexistir entre 50 mil y un millón de civilizaciones avanzadas.
Y eso sólo para nuestra galaxia. Se calcula que hay otros tantos cientos de miles de millones de galaxias en el universo (cuando era pequeño solía leer que unos cien mil millones, ahora doy con cifras de hasta medio billón -500.000.000.000- y continúa creciendo). También recuerdo haber leído que en un puñado de arena, hay más granos que estrellas titilan a simple vista en el firmamento, pero que si contáramos los granos de arena de todos los desiertos del mundo, el número de estrellas que pueblan el cosmos sería aún mucho mayor. Son cifras para darse cuenta de que, por números, las posibilidades crecen. De la vida bacteriológica, que a veces se habla, estoy convencido de que la hallaremos hasta en Marte e, incluso, en la Luna. En la Tierra, se ha encontrado vida en los recovecos más inhóspitos (haya medrado allí o se haya adaptado, poco importa); a la mínima la vida detona por doquier. Imagino que es cuestión de tiempo que se confirme la noticia. Apuestas: ¿cuál se confirmará primero: la avanzada o la microscópica?
A todo esto hay que añadir que se busca vida bajo las premisas que conocemos que han tenido éxito en nuestro planeta (con agua, con carbono…), pero quizás existen formas exóticas de vida, las cuales somos incluso incapaces de reconocer. Pero a dónde me conduciría semejante especulación… que podría ser cierta, sí.
Volviendo a la pieza del periódico ADN, el astrofísico Sptehen Hawking –reproduce el diario- advierte que tengamos cuidado porque los alienígenas podrían ser unos parásitos o conquistadores o saqueadores, antropológicamente hablando. Pero ¿hay alguna autoridad en estos temas? No lo creo. Sí que hay quienes puedan opinar con más conocimiento de causa (biólogos, físicos, matemáticos…) pero autoridad, lo que se dice autoridad, cero patatero. ¿Cómo anticiparnos a las intenciones de dichos seres? Si algún día hacen acto de presencia, para bien o para mal, ya será demasiado tarde (aunque también podríamos ser nosotros quienes visitáramos de aquí a miles y miles de años una civilización más atrasada que la nuestra –y quién sabe si entonces sí que la arrasaríamos). Y otra cuestión algo más acuciante: ¿si realmente hay posibilidad de que exista vida alienígena muy avanzada, por qué no han contactado con nosotros?
Si echamos mano de los números aportados por la fórmula de Drake, de cada estrella que se estudie habrá en uno de los supuestos más optimistas un 0,000001 % de posibilidades de que ese astro contenga un sistema planetario que albergue una civilización tecnológica. O sea que para nosotros es difícil dar con ella (además tendríamos que disponer de los instrumentos adecuados para captar eventuales señales emitidas por dicha civilización, y que tuvieran la voluntad de comunicarse; arena de otro costal es detectar rasgos característicos de la vida en un planeta, porque para dicho fin ya hay métodos algo fiables). Sirva como ejemplo de la dificultad de dar con culturas alienígenas avanzadas que desde que se detectó el primer planeta orbitando a una estrella que no fuera nuestro Sol –allá por el año 1995, en 51Pegassi- “tan sólo” se han descubierto unos pocos centenares más y ninguno del tamaño de la Tierra, todos más parecidos a los gigantes gaseosos (la mayoría más grandes) y muchos de ellos más cercanos a su estrella que Mercurio del Sol.
Alguien podría objetar que una civilización, pongamos 5000 años más tecnificada que la nuestra o, mejor dicho, más avanzada que la nuestra –porque quizás el camino no sea la tecnología, ¿chi lo sa?- sí que nos hubiera encontrado a nosotros. Es verdad. Puede ser, ¡qué voy a decir!. “Pero entonces –me replicaría- ¿por qué no se presentan?” Y digo yo: ¿qué motivos les hemos dado para ello?, ¿tienen ellos motivos? De otra manera, ¿por qué nosotros íbamos a transfigurarnos en hormigas y decirles: “oye, que si queremos os podemos aplastar y podemos daros comida para el resto de vuestros días sin tener que currelar”?
Si algún día salimos al espacio con el afán de investigarlo previa adquisición de un notable conocimiento tecnológico y ético, ¿de verdad intervendremos en el proceso evolutivo de otros seres sin antes haber diseñado un protocolo que evalúe y fije la madurez exigible para ellos y nosotros antes de contactar? Ahora mismo, en nuestra época, en este siglo XXI, haríamos caso omiso a cualquier tipo de advertencia y nos abalanzaríamos sobre una cultura alienígena que pudiera reportarnos algún beneficio. Para muestra, contemplar las noticias de internacional de los medios de comunicación o hacer un somero repaso a la historia de los últimos siglos. Como no hemos alcanzado ese grado de madurez, tampoco hay que esperar un paso al frente de supuestos seres extraterrestres que nos llevaran observando desde hace milenios ...digo yo. Pero, como ya sabéis, todo esto no es más que especulación.
Con todo, ¿qué sustenta más tal afirmación: el deseo de no estar solos y de buscar respuestas que ni la ciencia ni la religión ni la filosofía ni el arte solventan o una argumentación racional de la existencia de dichos seres? Un poco de ambas, ¿no? ¡Qué grato sería topar con unos alienígenas millones de años avanzados que nos dijeran: “Tranquilos, pequeños humanos, que no estáis solos y esto es así o asá”! Que nos solucionaran los problemas y aniquilasen la angustia existencial, vaya.
El eminente astrofísico Stephen Hawking sostiene en el artículo del diario que, por cuestión de números, los extraterrestres deben existir. Estoy con él. Hace unos años asistí a una conferencia sobre exobiología en la que, entre los conferenciantes, se hallaban el exobiólogo Joan Oró y el astrónomo Fran Drake, con quien tuve la oportunidad de hablar cinco minutos. Drake ha calculado la probabilidad de que en nuestra galaxia, la Vía Láctea, existan extraterrestres con tecnología avanzada. La Vía Láctea contiene 100 mil millones de estrellas. Según su fórmula – cuyas incógnitas se van desvelando a medida que progresa el conocimiento-, y los cálculos hechos a partir de ella, en esta galaxia podrían coexistir entre 50 mil y un millón de civilizaciones avanzadas.
Y eso sólo para nuestra galaxia. Se calcula que hay otros tantos cientos de miles de millones de galaxias en el universo (cuando era pequeño solía leer que unos cien mil millones, ahora doy con cifras de hasta medio billón -500.000.000.000- y continúa creciendo). También recuerdo haber leído que en un puñado de arena, hay más granos que estrellas titilan a simple vista en el firmamento, pero que si contáramos los granos de arena de todos los desiertos del mundo, el número de estrellas que pueblan el cosmos sería aún mucho mayor. Son cifras para darse cuenta de que, por números, las posibilidades crecen. De la vida bacteriológica, que a veces se habla, estoy convencido de que la hallaremos hasta en Marte e, incluso, en la Luna. En la Tierra, se ha encontrado vida en los recovecos más inhóspitos (haya medrado allí o se haya adaptado, poco importa); a la mínima la vida detona por doquier. Imagino que es cuestión de tiempo que se confirme la noticia. Apuestas: ¿cuál se confirmará primero: la avanzada o la microscópica?
A todo esto hay que añadir que se busca vida bajo las premisas que conocemos que han tenido éxito en nuestro planeta (con agua, con carbono…), pero quizás existen formas exóticas de vida, las cuales somos incluso incapaces de reconocer. Pero a dónde me conduciría semejante especulación… que podría ser cierta, sí.
Volviendo a la pieza del periódico ADN, el astrofísico Sptehen Hawking –reproduce el diario- advierte que tengamos cuidado porque los alienígenas podrían ser unos parásitos o conquistadores o saqueadores, antropológicamente hablando. Pero ¿hay alguna autoridad en estos temas? No lo creo. Sí que hay quienes puedan opinar con más conocimiento de causa (biólogos, físicos, matemáticos…) pero autoridad, lo que se dice autoridad, cero patatero. ¿Cómo anticiparnos a las intenciones de dichos seres? Si algún día hacen acto de presencia, para bien o para mal, ya será demasiado tarde (aunque también podríamos ser nosotros quienes visitáramos de aquí a miles y miles de años una civilización más atrasada que la nuestra –y quién sabe si entonces sí que la arrasaríamos). Y otra cuestión algo más acuciante: ¿si realmente hay posibilidad de que exista vida alienígena muy avanzada, por qué no han contactado con nosotros?
Si echamos mano de los números aportados por la fórmula de Drake, de cada estrella que se estudie habrá en uno de los supuestos más optimistas un 0,000001 % de posibilidades de que ese astro contenga un sistema planetario que albergue una civilización tecnológica. O sea que para nosotros es difícil dar con ella (además tendríamos que disponer de los instrumentos adecuados para captar eventuales señales emitidas por dicha civilización, y que tuvieran la voluntad de comunicarse; arena de otro costal es detectar rasgos característicos de la vida en un planeta, porque para dicho fin ya hay métodos algo fiables). Sirva como ejemplo de la dificultad de dar con culturas alienígenas avanzadas que desde que se detectó el primer planeta orbitando a una estrella que no fuera nuestro Sol –allá por el año 1995, en 51Pegassi- “tan sólo” se han descubierto unos pocos centenares más y ninguno del tamaño de la Tierra, todos más parecidos a los gigantes gaseosos (la mayoría más grandes) y muchos de ellos más cercanos a su estrella que Mercurio del Sol.
Alguien podría objetar que una civilización, pongamos 5000 años más tecnificada que la nuestra o, mejor dicho, más avanzada que la nuestra –porque quizás el camino no sea la tecnología, ¿chi lo sa?- sí que nos hubiera encontrado a nosotros. Es verdad. Puede ser, ¡qué voy a decir!. “Pero entonces –me replicaría- ¿por qué no se presentan?” Y digo yo: ¿qué motivos les hemos dado para ello?, ¿tienen ellos motivos? De otra manera, ¿por qué nosotros íbamos a transfigurarnos en hormigas y decirles: “oye, que si queremos os podemos aplastar y podemos daros comida para el resto de vuestros días sin tener que currelar”?
Si algún día salimos al espacio con el afán de investigarlo previa adquisición de un notable conocimiento tecnológico y ético, ¿de verdad intervendremos en el proceso evolutivo de otros seres sin antes haber diseñado un protocolo que evalúe y fije la madurez exigible para ellos y nosotros antes de contactar? Ahora mismo, en nuestra época, en este siglo XXI, haríamos caso omiso a cualquier tipo de advertencia y nos abalanzaríamos sobre una cultura alienígena que pudiera reportarnos algún beneficio. Para muestra, contemplar las noticias de internacional de los medios de comunicación o hacer un somero repaso a la historia de los últimos siglos. Como no hemos alcanzado ese grado de madurez, tampoco hay que esperar un paso al frente de supuestos seres extraterrestres que nos llevaran observando desde hace milenios ...digo yo. Pero, como ya sabéis, todo esto no es más que especulación.
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