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jueves, 12 de enero de 2012


Casilla para la ciencia


Desde hace unos días corre por la red la idea de instaurar en la declaración del IRPF una casilla para donar el 0,7 de los impuestos a la ciencia, de modo análogo a como ahora ya existe para la Iglesia o para fines sociales. La iniciativa la ha lanzado el joven físico Francisco J. Hernández a través de su blog Resistencia Numantina y, aunque reconoce que había propuestas anteriores, también que la ideó de forma independiente. Pero ha sido a través de la web actuable como se ha puesto en marcha una recogida de firmas para hacer realidad la casilla para la ciencia. En el momento de publicar este post se cuenta con el respaldo de casi 70 mil personas. 

Entre las críticas a la casilla para la ciencia, se aduce primero que la inversión en investigación no debe ser tratada a base de limosnas sino que el desembolso debe ser estructural, y que con la iniciativa se podría proyectar la imagen contraria. Y segundo, que, puestos a pedir, por qué no más casillas para otros campos: educación, sanidad o deportes, por ejemplo.

[Bien es conocido por todos que a España cada verano acuden cientos de niños saharauis. Hay quien critica también este proyecto porque arranca a los críos de su mundo para colocarlos en otro muy distinto al suyo con mejores condiciones de vida, para después hacerles volver a la cruda realidad. (Por cierto, dudo que ellos lo vean así, ya que a finales de agosto desean volver a sus hogares con sus familias, lógicamente). De todas formas, ¿a quién le amarga un dulce? Sin duda que habrá excepciones, pero unas vacaciones son unas vacaciones].

De tanto en cuanto, aparece también el debate de si las ONG deberían suplir al Estado en las funciones sociales que acometen. Nunca he oído ese argumento contra la Iglesia. Porque, ¿qué es preferible: parchear el barco o dejar que naufrague? Y además, una cosa no excluye a la otra: que los Presupuestos Generales del Estado incluyan asignaciones para la ciencia no es óbice para que iniciativas como la de la casilla para la ciencia arrimen el hombro, como tampoco es un contraargumento que, a este paso, podrían aparecer casillas para otros sectores: educación, comunicación, sanidad… ¿Por qué no? Más democracia. De igual forma, tampoco nadie ha tildado nunca de anecdótica la casilla para la Iglesia, aunque sí de prerrogativa. Así, quizás, dejaría de ser la única privilegiada.

viernes, 3 de diciembre de 2010


Vida exótica en la Tierra

Científicos de la NASA descubren una bacteria que usa arsénico en lugar de fósforo para construir partes de sí mismas, según publican diversos medios, entre ellos la prestigiosa revista Science y la misma agencia espacial estadounidense. Ya había estudios anteriores que especulaban con que este elemento, que se juzgó tan nocivo para la vida -ahora sabemos que lo es para un tipo de vida-, podría haber sido en el pasado uno de sus elementos fundamentales junto al carbono, el hidrógeno, el nitrógeno, el oxígeno y el azufre. Ahora, parece que este descubrimiento confirma tales estudios, y no sólo para el pasado.

Como se ha dicho por pasiva y por activa, el hallazgo abre nuevas puertas para la búsqueda de vida, tanto en otros planetas ¡como en el nuestro!; porque rompe con el paradigma que sostiene que los elementos básicos para la vida en la Tierra son los antes citados más el fósforo. Dicho sea de paso, hace tiempo que oigo que el silicio también podría ser un sustituto del carbono. O que en Titán podría haber vida basada en metano y no en el agua.

Pero lo que me llama también la atención es que esta revelación nos recuerda desde la ciencia la fragilidad del “conocimiento”. Entiendo que cuando astrobiólogos buscan vida extraterrestre estén obligados a hacerlo bajo las premisas de vida según la conocen. Ahora se ha ampliado este abanico. Pero esta ampliación también ha de servir como alerta, ya que la vida puede ser mucho más extensa que las definiciones y etiquetas que nosotros le damos. Buscando estos elementos podríamos despreciar otros rasgos igualmente adecuados para la vida. Y ya no hablo de vida exótica –puesto que nos hemos dado de bruces con ella en nuestro planeta- sino de indecible.

Recuerdo que cuando estudiaba Básica y bachillerato otra de las definiciones de vida era “nace, crece, se reproduce y muere”. Hoy se sabe que hay organismos inmortales.